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No hay mal que por bien…

¿Debería importunarnos
la insolente bravata
de unos cuantos, ociosos
y de mano nocturna,
que, valientes a nuestra
espalda, escriben viles
consignas en los muros
diariamente lavados?

Presagio

Lo dicen los arúspices:
vendrán de los países suspendidos.